6 de julio de 1976. Adolfo Suárez González, nuevo Presidente del Gobierno, entra públicamente en la vida de los ciudadanos españoles, desde su casa
Hoy, 6 de julio de 2026, de madrugada, he terminado de escribir mi libro Adolfo Suárez González. Una semilla plantada, una investigación transpersonal del Contrato de Alma de quien fue Presidente del Gobierno español entre el 3 de julio de 1976 y el 25 de febrero de 1981. A primera hora de la mañana he registrado la propiedad intelectual del libro y, al mediodía, he enviado el manuscrito a la editorial a la que he sido guiado para encargarse de su publicación.
Hoy se cumplen cincuenta años desde que Adolfo Suárez González, como nuevo Presidente del Gobierno, leyó su mensaje de presentación a los ciudadanos a través de las cámaras de televisión española en la hora de más audiencia, las nueve y media de la noche, exactamente ocho meses después del estreno en Madrid de la ópera rock Jesucristo Superstar, adaptada, producida y protagonizada por Camilo Sesto. Estos dos acontecimientos fueron el primero y el último de una secuencia en la que no hubo nada accidental ni arbitrario y que respondía a un plan espiritual preciso, complejo y enormemente poderoso, en cuyo centro estaba el proceso de la llamada Transición, un proceso complejo desde la perspectiva de la mente egoica y, a la vez, espiritualmente muy claro. Entre las muchas almas maestras que reencarnaron en personas que iban a desempeñar papeles decisivos en ese proceso, y no solo en el ámbito de la política, está la que reencarnó en la persona que conocimos como Adolfo Suárez González. El 6 de julio de 1976 fue el momento escogido para empezar su tarea públicamente. Al día siguiente de jurar el cargo, el nuevo presidente pronunció su primer discurso, un breve mensaje, dirigiéndose a todos los ciudadanos, desde su casa.
Desde su casa. Ninguno de sus antecesores había hecho eso, ni lo ha hecho tampoco ningún otro presidente desde entonces. Esta es una decisión que caracteriza el estilo de liderazgo de Adolfo Suárez González y que tiene un trasfondo psicológico y simbólico muy poderoso. En su Carta Natal, Tauro, que, entre otras cosas, representa el hogar físico, está en la cúspide de la casa cinco, que es la casa natural de Leo y el Sol, el núcleo del yo de la persona, y que representa las formas de expresión del yo a través de sus creaciones, en el sentido más amplio del concepto de creación. En perfecto alineamiento con esto, el recién nombrado Presidente del Gobierno se presenta a los ciudadanos como tal desde el hogar que ha creado junto con su esposa. Con el Sol en Libra en la casa 9, el equilibrio y la armonía en las relaciones es su objetivo y don número uno, desarrollado y pulido a lo largo de su vida. Por eso es, también, lo primero que ha venido a ofrecer al mundo, pero no de una forma inconsciente, automática o protocolaria, sino como resultado de profundas convicciones, de principios profundamente anclados en su consciencia, y transmitidos de forma clara y precisa, lo cual es, en sí mismo, para él y en él, una forma de servicio, como sugiere su Mercurio en Virgo, también en la casa 9. Todo esto es parte definitoria de su individualidad, el Sol, que se expresa, se muestra, de una forma contundente a través de este primer discurso. Su casa física se funde con parte de su casa interior, la parte que corresponde a sus valores, lo que es importante para él. Son valores muy elevados y abstractos unos y muy concretos y cotidianos otros, como corresponde a alguien con el Sol en la casa 9 y Tauro en la casa 5, respectivamente.
Su plan de alma incluía la preparación para este evento a través de lo que, en el sistema del Contrato de Alma, se conoce como el Contexto Negativo, es decir, la manifestación de situaciones y condiciones adversas que lleven a la persona a conectar con sus talentos, activarlos y desarrollarlos, para poder aplicarlos después a la tarea de consecución de sus objetivos. Cuando el joven Adolfo tenía 23 años, su padre abandonó el hogar familiar, del que estuvo ausente y completamente desconectado durante dos años. Adolfo era el hijo mayor y asumió la responsabilidad de sostener a la familia, sin que ninguno de ellos supiera si su padre iba a volver o no. Lo hizo dos años después, y su primogénito tuvo que irse de casa. Esto es parte del contenido del emplazamiento de Quirón en Tauro en la casa 5 en la Carta Natal de Suárez y, como veremos más adelante, también del Patrón Kármico característico de las energías del 11 en su Karma Espiritual. De manera que, cuando el Adolfo Suárez González adulto, a los 43 años, comienza a ejercer su liderazgo como Presidente del Gobierno entrando en contacto directo con los ciudadanos, a través de la televisión, desde su casa, está retomando y ampliando un liderazgo que, veintidós años antes, había ejercido en el seno del hogar familiar. Y lo hace, además, guiado por las características de Aries correspondientes a las energías del 5 – 5, las de los Objetivos Físicos de su Contrato de Alma: innovador, pionero, asertivo, libre y firme en sus convicciones.
En esta primera ocasión en la que, como presidente, y aún en las primeras veinticuatro horas en el cargo, se muestra ante la ciudadanía, hace públicamente una declaración de principios e intenciones inequívoca y de profundo calado, desde el comienzo mismo del discurso: es lógico que el primer propósito sea la relación directa con todos los ciudadanos como responsable máximo de la administración de unos bienes que son propiedad de todo el pueblo lo cual, afirma, es aquello en lo que consiste gobernar. Tan solo siete meses y medio después de la muerte de Franco, los ciudadanos ven en televisión al Presidente del Gobierno dirigiéndose a ellos como tales, y no como súbditos, como habían hecho años atrás Carlos Arias Navarro y Luis Carrero Blanco, y se presenta ante ellos como el máximo responsable de la administración de unos bienes que son de todos, es decir, como un servidor público: estoy aquí para trabajar con todos y por todos los españoles. Esto, en sí mismo, es el comienzo de un proceso de clara ruptura con el régimen franquista, aún plenamente vigente, desde dentro mismo de sus propias estructuras, y es manifestación de la esencia de la energía del 5 en sus Objetivos Físicos, que es el poder de la palabra puesta al servicio de la verdad.
La finalidad del establecimiento temprano de esa relación con los ciudadanos a los que sirve es doble: dialogar y escuchar, y aceptar propuestas y conseguir que ninguna causa justa deje de ser oída. En el sistema simbólico del Contrato de Alma, algunas de las energías representadas por los números se corresponden con partes y órganos del cuerpo. La energía del 3, que tiene en sus Talentos Físicos, se corresponde con el oído derecho, lo cual implica que quien lo tenga en su Contrato de Alma estará abierto a escuchar a los demás, preparado para oír; esto te hace una persona flexible, no cerrada en una sola filosofía, abierta a absorber y oír cambio. Se lo propuso como objetivo anunciado desde el principio, y lo hizo. Fernando Ónega afirma que Suárez conversaba con quien lo necesitaba y con quien se lo pedía y recuerda que, en el entorno del presidente, del que él formó parte durante un poco más de un año, la consigna era escuchar a quien tenía algo que decir o algo que reclamar (Ónega, págs. 188-189). Por su parte, Manuel Campo Vidal recoge en su libro Adolfo Suárez. El presidente inesperado de la Transición, varios testimonios que resaltan la especial capacidad de Adolfo Suárez para escuchar, aprender, absorber y oír cambio.
Entre los valores que declara en este discurso, hay algunos que son muy elevados y abstractos, y otros que son muy cotidianos y prácticos. Tras afirmar que las preocupaciones de la nación son mis preocupaciones, da algunos ejemplos muy significativos y estratégicamente seleccionados:
Si a los españoles les preocupa encontrar un trabajo adecuado o que aumente el paro, a mí también.
Si les preocupa, a pesar de todas las explicaciones estadísticas, la subida de los precios (…), a mí también.
Si les preocupa no encontrar en algunas zonas un puesto escolar adecuado para la educación de sus hijos, a mí también.
Si la sociedad española aspira a una normalización democrática, vamos a tratar de conseguirla.
Si se ha iniciado como tarea urgente la reforma política, vamos a acelerarla con el realismo que nuestro tiempo exige.
Y si nos encontramos con graves problemas en nuestra vida diaria, vamos a esforzarnos por encontrar soluciones.
Trabajo, precios, escolarización; democratización, realismo político; búsqueda de soluciones. Hombres, mujeres, hijos; electores, potenciales representantes; todos. Estamos ante un discurso inclusivo dirigido a lo que podríamos denominar tres categorías identitarias: la familia, los ciudadanos mayores de edad como futuros electores y elegibles y, finalmente, todos. Es el desglose de la afirmación que precede a este fragmento del discurso: Estoy aquí para trabajar con todos y por todos los españoles. Esa frase expresa un compromiso que, en marzo de 2014, tan solo una semana antes del fallecimiento de Adolfo Suárez, fue reconocido por Antonio Corbillón con el título de una publicación suya en El Norte de Castilla: “El hombre que abrazó a un país entero”.
Esta primera parte del discurso, y estamos aún en el primer párrafo, transmite con fuerza dos características arquetípicas de las energías masculina y femenina: predisposición para la acción, la cual transmite seguridad, e inclusión y cercanía. Lingüísticamente, están incrustadas en la estructura que sostiene el párrafo a través de dos construcciones que se repiten sistemáticamente: vamos a + infinitivo de acción (tratar de conseguirla, acelerarla, esforzarnos por encontrar) y a mí también. Para todo ello, claro, hay un fundamento espiritual.
Fragmentos del capítulo tres de mi libro Adolfo Suárez González. Una semilla plantada, en proceso de publicación.
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