Las Almas Maestras en la Transición

El momento histórico, cronológico de la Transición es manifestación de un evento espiritual de confluencia de energías que han estado en interacción durante siglos, y están preparadas para dar un salto que las lleve a modificar los patrones básicos de esa dinámica de interacción. El objetivo es crear una realidad humana integrada en la que antiguas polaridades extremas y mutuamente excluyentes sean experimentadas como fuerzas centrípetas y complementarias. Es una enorme energía de Luz que se muestra ante el telón de fondo de la larga Oscuridad anterior, que todavía persistirá porque siempre se resiste a perecer, a desaparecer para transformarse en algo diferente. Se trata de crear una realidad nueva en la que las energías antes polarizadas puedan reconocerse como constitutivas de ella sin exclusión mutua. Hay, además, como en todo, una constante oscilación de fondo entre la energía masculina y la femenina.

Se trata de un proceso que va a afectar a millones de humanos, una parte de los cuales son reencarnaciones de almas que han estado aquí antes y que ahora han vuelto, unas para abrir caminos nuevos, otras para cerrar ciclos de experiencia difíciles y dolorosos. Muchas de las almas que reencarnaron aquí de nuevo para vivir la guerra civil y perecer en ella reencarnaron un poco más tarde para vivir la Transición y experimentar la vivencia de trascender la polarización extrema. Algunas volvieron preparadas para contribuir a la creación de lo nuevo; otras volvieron para expresar abiertamente el dolor y la ira no resueltos antes. Ésas son las almas que han venido para recordar a todos que hay algo pendiente de hacer en este plano y que no es contradictorio con la reconciliación, sino parte necesaria de ella: se trata de hacer el esfuerzo consciente, explícito y común de reconocer los daños que se produjeron y devolver a esas almas la paz que todavía no tienen. Todo ello es una tarea inmensa y un gran número de almas maestras vinieron a actuar como guías, unas encarnando o reencarnando como personas con una capacidad de influencia en el devenir de los acontecimientos muy significativa, otros guiando a humanos reencarnados para vivir ese tiempo, para ayudarles a experimentar y modelar para otros la evolución de la consciencia desde la creencia firme en los viejos patrones hacia la creencia igualmente firme, y definitiva, en los nuevos caminos que iban a abrirse.

Por ser un proceso que atañe simultáneamente a todo un país, era necesario utilizar medios que permitieran incidir sobre el consciente y el inconsciente colectivos de la forma más eficaz posible. Hace dos milenios, por ejemplo, fueron las predicaciones, los milagros y los escritos; esta vez, fueron los medios de comunicación, los espectáculos artísticos, especialmente la música y la cinematografía, y también textos escritos.

El momento de la Transición fue un punto de un intenso y rápido despertar espiritual colectivo que debía hacer posible, fundamentalmente, dos procesos: la reconciliación con “los otros”, con “ellos”, y el comienzo de la liberación del individuo como tal. Las dimensiones individual y colectiva de la vida de cada persona iban a ser iluminadas para empezar a crear un tiempo nuevo de construcción de una convivencia social muy diferente a la experimentada hasta entonces durante siglos. Ese proceso quedó interrumpido, pero no suprimido. Es posible retrasarlo, pero no eliminarlo. Los comienzos fueron intensos, rápidos y breves, y por eso pueden y deben ser vistos, si se quiere llegar a comprenderlos más profundamente, como unos comienzos en los que se plantaron unas semillas que están ahí, dentro de cada persona, latentes, susceptibles de ser activadas y nutridas de nuevo para continuar el proceso de generación de una vida colectiva nueva mucho más conscientemente anclada en el Amor. Si es necesario, habrá acontecimientos muy duros que actuarán como fuertes llamadas al despertar colectivo que lleve a activar en los individuos la fuerza, la iniciativa, la fe en sí mismos, la hermandad que les une a los demás, su capacidad de activar en su interior sus mejores recursos, de manera que sean mucho más conscientes de su poder y, con ello, de su capacidad de manejar sus vidas sin ponerlas en una situación de dependencia desamparada de personas y grupos que ocupan puestos, espacios, de poder humano, que no divino, con el único propósito de servirse a sí mismos, no a la comunidad. El poder divino está en el Amor y la Dignidad que cada persona lleva dentro de sí, porque está hecha, precisamente, de Amor y Dignidad.

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