El pacto del Templo de la Concordia

Leo con cierta frecuencia y también escucho, en conversaciones sobre Adolfo Suárez y sobre la Transición, a personas que expresan su deseo de que aún estuviera aquí o de que apareciera pronto otro Suárez. A veces, es un deseo expresado con indignación; otras, con resignación; en muchas ocasiones, con nostalgia. Entiendo esos estados de ánimo y comprendo la conexión que, en el interior de las personas que así los expresan, surge entre ellos y el recuerdo del presidente Suárez. Pero entiendo también que no se trata de que aparezca otro Suárez ni de desear que ojalá estuviera entre nosotros. Este es un esquema mental muy extendido, no solo en relación con Adolfo Suárez, y es producto de un patrón de pensamiento incrustado en la mente de millones de personas a partir del discurso judeocristiano sobre el retorno del Mesías.

Hace muchos años ya que el pacto simbolizado por el Templo de la Concordia, explicado con detalle en este libro, está roto. La Transición política fue mucho más que una transición política e iba a seguir siendo mucho más tras las primeras elecciones constitucionales de 1979. Se trataba de una transformación de raíz de la forma de estar, funcionar y relacionarse dentro de la llamada clase política, pero también más allá de ese sector social concreto y, en cualquier caso, con el potencial de ejercer un gran impacto en toda la sociedad española y mucho más allá de ella.

Esa transformación en ciernes estaba impregnada de la energía del Ser encarnado en la persona que conocemos como Adolfo Suárez González, que es también la energía de los Seres encarnados en las personas que, junto a él, comprendieron y compartieron el sentido profundo de su proyecto, así como la de otros Seres encarnados en personas ajenas a la actividad política, pero que llegaron con misiones espirituales que llevaron a los seres humanos en los que encarnaron a hacer contribuciones tan profundas y relevantes como las anteriores. De algunas de esas personas y de las almas maestras encarnadas en ellas hablo puntualmente a lo largo de este libro.

La esencia de esa energía se encuentra también en las almas encarnadas en todos esos millones de personas que, desde hace muchos años, recuerdan la figura y la labor de Adolfo Suárez González y de sus equipos con un enorme respeto, una profunda emoción y un afecto sincero y no menos profundo que no pueden explicarse simplemente desde la lógica de nuestro hemisferio cerebral izquierdo. Hay una conexión, una resonancia y un reconocimiento que provienen de algo mucho más profundo que el recuerdo y la valoración positiva de una serie de acontecimientos de nuestra historia colectiva: provienen de una semilla que quedó plantada por el paso por nuestra historia de las almas maestras encarnadas en esas personas clave, entre las que sobresale la encarnada en Adolfo Suárez González. Esa semilla está en nosotros y en nuestro poder está la posibilidad de decidir conscientemente encontrarla, reavivarla, diseminarla y reconstruir, a partir de ella, el pacto horizontal y vertical simbolizado por el Templo de la Concordia.

Es de esto de lo que se trata.

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